Diablada

Origen y significado de la Diablada

La danza de la Diablada pertenece a las danzas “enmascaradas“ más populares del altiplano boliviano y las fraternidades, las que a veces llegan a tener varios cientos de participantes, la bailan e interpretan en las entradas de Carnaval o en las procesiones en honor a un Santo. Muchas veces se habla de la danza de los diablos en la que supuestamente se representa la victoria del bien sobre el mal. Casi todos los mitos de creación de la Diablada hacen referencia a Oruro, distinguiéndose especialmente dos importantes tipos de mitos: uno habla del pueblo de los Urus (uno de los pueblos más antiguos de Sudamérica; los últimos de los alrededor de 1500 Uru-Chipaya viven cerca del lago Poopó en Oruro, en la región de Puno también quedan unos pocos pertenecientes a ese pueblo), que fue salvado por la milagrosa aparición de la divina ñusta Inti Wara de las plagas enviadas por la ira del temible diós Huari (Wari). Los otros mitos creadores hablan de la relación entre el Chiru-Chiru/Nina-Nina, una especie de Robin Hood andino, y la Vírgen de la Candelaria o del Socavón, la que hasta el día de hoy es venerada especialmente por los mineros. Otro punto de referencia son las riquezas escondidas en el interior de las minas y su correspondiente explotación por los mineros.

A partir de estas referencias surge la pregunta: ¿Qué es lo que en realidad representa la Diablada? Es realmente sólo una adaptación folklórica de las farsas catalanas que se originaron en el 1150 y en las cuales un grupo de diablos liderado por Lucifer peleaba contra el arcángel Miguel, tradición que supuestamente fue traída a Bolivia por el cura Ladislao Montealegre? ¿O se trata más por el contrario de seguir adorando a los dioses andinos y a la correspondiente cosmovisión bajo el pretexto del drama litúrgico cristiano o incluso de estilizar al “diablo“ como símbolo del pueblo conjuntamente con su panteón de dioses suprimidos por la conquista y la misión cristiana?

Para el “rol“ del Diablo hay varios personajes a eligir: Supay, Huari, Tío, Lucifer y Satanás. – Cuando los españoles llegaron a lo que hoy es Bolivia no existía por supuesto ningún diablo; a este lo tuvo que inventar la misión cristiana. Los dioses andinos poseían/poseen caracteres ambivalentes que pueden llegar a ser peligrosos ellos mismos o cuando se enojan, pero no existía ningún “diablo“ en el sentido europeo. En el año 1560 escribe Fray Domingo de Santo Tomás que Supay no era ni un ángel ni un demonio enteramente bueno ni malo sino que recién a partir de la evangelización fue transformado en diablo. Beltrán incluso describe una leyenda según la cual el dios local antes maligno Supay pierde una pelea contra Satanás y luego huye a las profundidades de la tierra para desde ese entonces apoyar a los que antes molestaba. De esa forma Supay se vuelve dueño de lo subterráneo y de la riqueza en las minas. Dentro del interior de las minas se lo venera como el Tío (según algunos una deformación de la palabra española dios) y regularmente se le hace ofrendas de coca, cigarrillos y alcohol. Aparentemente fueron los mineros los creadores de la Diablada y no carece de cierta lógica el hecho de que hayan adaptado la figura del Tío/Supay a la misteriosa escenificación barroca sobre el bien y el mal en el sentido de subversión. Por supuesto esa forma de resistencia no pasó desapercibida para los conquistadores y se empezaron a prohibir las representaciones de danza y teatro, medida que sin embargo tuvo poco éxito. Albó presenta un detalle interesante al respecto: es muy común adornar las caretas de Diablada con víboras, lagartos y sapos, por la relación con los mencionados mitos son símbolos del diablo. Como muestran los nombres de los líderes andinos que se resistieron al sistema vigente Tupac Katari y Tupac Amaru no hay connotación negativa en cuanto a este símbolo: tanto Katari como Amaru significa serpiente. Aquí cabe mencionar otro detalle: la serpiente o el zig-zag usado en la iconografía textil es una símbolo del rayo que a su vez representa al temible dios precolombino Illapa, en tiempos de la conquista transformado en Tata Santiago. Illapa (a veces también retratado como parte de una trinidad divina) fue/es un dios muy importante debido a su poder sobre las tempestades, el rayo, el relámpago, la lluvia, las heladas y la granizada. Soux habla de un santo subversivo, ya que el rayo ligado a la serpiente muestra un fuerte vínculo con el mundo subterráneo, el Ukhupacha donde descendieron el Inca y las deidades estatales principales y los huacas para establecer su reino ahí, lugar también llamado Manqhapacha, hogar de los dioses más antiguos y lugar desde donde se originará el tiempo del Pachacuti, el retorno de los ancestros.

Eveline Rocha Torrez

Bibliografía:

  • Albó, Xavier. Preiswerk, Matías. Los Señores del Gran Poder. Centro de Teología Popular. Taller de Observaciones Culturales. La Paz, 1986.
  • Baumann, Max Peter. Maskentänze. Festival traditioneller Musik ´80. Internationales Institut für vergleichende Musikstudien Berlin, Berlin, 1980.
  • Beltrán Heredia, B. Augusto. El Carnaval de Oruro y Proceso Ideológico e Historia de los Grupos Folklóricos. Comité Departamental de Folklore, Oruro, 1962.
  • Cuentas Ormachea, Enrique. La Diablada: Una Expresión de Coreografía Mestiza del Altiplano del Collao. In: Boletín de Lima. Revista Cultural Científica con seis Ediciones al Año. Jahrgang 8, Nr. 44. Lima, 1986.
  • Delgado Morales, Serafín. Etnografía y folklore Uru-Valluna. Talleres Gráficos Kipus, Cochabamba, 1999.
  • Delgado-P., Guillermo. The Devil Mask: A Contemporary Variant of Andean Iconography in Oruro. En: The Power of Symbols. Masks and Masquerade in the Ameritas. The University of British Columbia, 1983.
  • Iturri Salmón, Jaime. La Danza Aymara como resistencia. En: Chasqui. Nr. 62. QUIPUS-CIESPAL, Quito, 1998.
  • Lara Barrientos, Marcelo. Multivocalidad del Carnaval de Oruro. Anales de la Reunión Anual de Etnología, MUSEF, La Paz, 2003.
  • Nava Rodriguez, Ascanio. Referencias sobre el Carnaval de Oruro. Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. LATINAS EDITORES, Oruro, 1992.

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